El robot
humanoide se enamoró de una mujer de carne y hueso. El romance fue tórrido y
breve. Ella lo abandonó a causa de una disfunción en su reactor de fusión nuclear de bolsillo.
En un sótano húmedo buscó el manuscrito perdido de Franz Kafka; lo encontró en un armario oculto dentro de una caja de zapatos. Leyó con expectación las doscientas hojas emborronadas, concluyó la lectura después de cuatro horas con un dejo de placer. Decidió quemar el libro, atendiendo la última voluntad del escritor. Sergio F. S. Sixtos
Una tarde, nos reunimos Ulises Luna, Pepe Daconte y yo en el Café Ik de la calle Independencia. El aroma a café tostado y el chocar de tazas de las mesas vecinas, incitaron a Daconte a contar una de sus historias de detectives —tenía dos años retirado y aún no lo abandonaba la nostalgia—, sin dejar de garabatear en su libreta caricaturas de las personas que ocupaban las mesas aledañas dijo: —Voy a contarles algo que sucedió hace años, llega la idea, ya que no puedo quitar la vista de la portada del libro que lee la joven a la que estoy retratando. Miré el dibujo, no era malo, pero a veces Daconte exageraba con sus pretensiones artísticas. El libro de la joven era una antología de haikus clásicos japoneses: Issa, Buson, Shiki y otros. —El 26 de septiembre de hace cuatro años —comenzó Daconte—, recibí una llamada urgente de mi jefe, habían asesinado en su departamento a la prestigiosa poetisa Xóchitl Guadarrama, tal vez recuerden el caso, la prensa amarillista hizo un escánd...
Jejeje, es decir que lo de ella no fue amor verdadero: en las buenas y en las malas. Lo encontré divertido.
ResponderEliminarTal vez sólo fue un capricho por la nueva tecnología.
EliminarHay muchas personas que sufren del mismo desarreglo jejeje!!!!
ResponderEliminarCreo que los robots no serán las parejas perfectas.
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