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En el claro de la luna

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Un rayo de luz se coló por la ventana. La niña despertó sobresaltada, había tenido una pesadilla, una visión fantasmagórica. La niña se arropó en la cama y cerró los ojos, contó borregos, más no volvió a conciliar el sueño. Un ruido en el patio la alertó. El claro de la luna iluminaba una figura menuda y desnuda; que se mecía en el columpio. La piel de la criatura era traslúcida al fulgor de la luna. La niña se cubrió con la bata y calzó las pantuflas. Salió de la recámara y se dirigió al patio. Llegó de puntillas al columpio y la raquítica figura la miró por un largo rato. —Tengo miedo de ti —dijo la niña. —¿Por qué habrías de temer? —preguntó el demonio necrófago sonriendo. Sergio F. S. Sixtos Arte de Hornedquad.

Día de pesca

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       La playa marciana era barrida por campos magnéticos de olas de herrumbre y sal; al ocaso los peces metálicos comían insectos mecánicos. Las turbulencias magnéticas se estremecían ante los embates de los peces en pos de las presas y una niña marciana en la orilla, miraba emocionada la lucha marina. Era el primer día de pesca de Az-U y llevaba consigo una rudimentaria caña de pescar —un regalo de papá—, equipada con un sedal de luz. Lanzó lejos al primer intento la carnada y atrajo a los peces por vibraciones de baja frecuencia, un enorme pez de cristal se tragó de un bocado la carnada y con un chispazo el sedal se encogió y arrojó al enorme pez de cristal contra Az-U; el impacto la derribó y el pez de cristal se hizo pedazos. Az-U miró cada uno de los fragmentos del pez esparcidos a su alrededor y comenzó a llorar. Una voz la llamó, era papá, se enjuagó las lágrimas y recogió todos los aparejos de pesca, dio un último vistazo a los fragmentos del pez y corrió...