jueves, 23 de marzo de 2017

Avivado

   El edificio respira, el hierro fundido y la piedra se estremecen por el contacto del aire y las paredes susurran voces que nadie escucha. Las columnas crujen y la madera de puertas y pisos palpitan por la cadencia de un corazón cansado. En la fachada, las ventanas ciegas palpan la calidez del Sol y los rasguños fríos de la noche. Como el gran árbol de un bosque, la ciudad ha crecido a su alrededor agresiva e indiferente. El edificio pretende probar y admirar lo que se mueve. El granito transmuta su naturaleza y del friso engendra un ser humano curioso que olfatea, ve y saborea cada rincón del mundo.


Sergio F. S. Sixtos
Imagen tomada de: http://www.lashistorias.com.mx/index.php/archivo/concurso-126/

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