sábado, 6 de febrero de 2016

Réplica

Entre la sorpresa y espanto Marcela la vio comprando en un puesto de Pericoapa un bolso imitación Louis Vuitton, apuntó su celular y le tomó una fotografía, ella se dio cuenta, miró a Marcela al principio con desconcierto y después aterrada, tomó el bolso y se perdió entre la multitud. ¡La muy perra!, dijo Marcela con rabia y corrió tras ella, yo la seguí como un idiota, me sudaban las manos y sentía el corazón en la garganta. No tenía idea de que haría Marcela cuando la alcanzara, por un momento tuve el deseo de que no lo hiciera nunca. Ella llegó la calle, detuvo un taxi y por más que Marcela gritó no pudo impedirlo. Marcela comenzó a llorar, yo la abracé y le dije que todo estaría bien que no se preocupara.

Pasaron tres meses desde ese incidente, Marcela y yo terminamos, pudo más la tensión que todos los juramentos de amor. Ya no he visto a Marcela, pero por amigos mutuos sé que se ha ido consumiendo, dejó la escuela y ya no sale de su casa.
La busqué por curiosidad en las redes sociales, indagué entre sus conocidos los lugares que frecuentaba y cuando la encontré la reconocí por el bolso imitación Louis Vuitton, me acerqué a ella y le hice la plática, al instante hubo química entre nosotros; en la tercera cita hicimos el amor y fue mejor que todo lo imaginado. Ella también se llama Marcela y al igual que la otra Marcela: tiene la nariz salpicada de pecas, se le forman hoyuelos cuando ríe, su papá se llama Luis y su mamá Josefa, estudia Física en la UNAM y tuvo un novio igualito a mí que también se llama Carlos.

Sergio F. S. Sixtos
BERTRAND GIRANDYellow Bag, 2015


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